24/11/2007

Psicología del maltrato

ENDURECIMIENTO de las penas, menor permisividad, juzgados especializados, órdenes de alejamiento, medidas de protección... La Ley Integral contra la Violencia de Género cumple más de dos años y medio con una filosofía clara en favor de una mayor defensa y protección de las víctimas. A pesar de la misma, las estadísticas judiciales arrojan datos que hablan de condenados, partes de lesiones, intervenciones policiales, y mujeres muertas. Esta misma semana, una joven ecuatoriana moría en Málaga degollada por su pareja. Es la primera víctima del año en la provincia.

Las cifras arrojan nuevamente miles de denuncias. Tras ellas se esconden miles de relaciones rotas; historias que comenzaron creyendo en algo a lo que llamaron amor, para terminar ancladas en un territorio que transciende las fronteras del odio. Insultos, amenazas, perdón, reincidencia, dolor, miedo, ansiedad, impotencia.... y unos roles que, repetidos durante generaciones y asumidos socialmente, están tan incrustados en las conciencias que apenas se cuestionan.

Revisar los papeles asumidos; sacar a la luz las motivaciones inconscientes; redefinir creencias; tirar mitos, derribar tópicos y descodificar forma parte esencial de las terapias que se están desarrollando tanto con víctimas de la violencia como con algunos agresores que acuden, con mayor o menor continuidad, a programas incipientes.

Descondicionar órdenes y descodificar creencias instaladas se lleva buena parte del trabajo que Pilar Ruiz, psicóloga del Centro de Emergencia y de la Casa de Acogida de Málaga, realiza con mujeres víctima de la violencia. Descodificar es la base del programa Gandhi de la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (Ahige) que coordina Rafael Soto, trabajador social formado en psicoterapia, y al que acuden hombres que han agredido.

Una y otro también saben de las consecuencias del miedo. De un miedo paralizante y justificado en el caso de las víctimas; de un miedo que las ha mantenido subyugadas a su agresor y que les produce vértigo cuando deben enfrentarse al cambio. En ellos, el miedo al rechazo, al abandono y a la incapacidad de asumir la responsabilidad de su propia vida se transforma en rabia, en ira y en agresión. Y así, la violencia se alza como la única herramienta que saben manejar para no perder.

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