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4/9/2014

Psicología y simbólica del arquetipo, de Carl Gustav Jung

El ser humano expuesto a la luz de la pluma imprescindible de la psicología del s. XX. Por muchos motivos, este es un libro fundamental en el pensamiento del siglo pasado y actual que hay que tener y leer.



El divorcio intelectual entre Sigmund Freud y Carl Gustav Jung ha sido tan marcado en lo personal que, incluso con la distancia del tiempo, se ha tendido a resaltar más el aspecto íntimo que el teórico entre ambos. Incluso la película de inefable título, ‘Un método peligroso’ (David Cronemberg, 2011), busca más las relaciones entre ellos, el combate sentimental pretendidamente exagerado e histriónico, que la profunda línea divisoria que distanciaba las ideas y el enfoque de los dos hombres: lo individual y lo colectivo.

Freud fundamentaba su propuesta del inconsciente en la pulsión y el deseo, en el impulso vital del ser humano por dominar y transformar la realidad que lo rodea. Un deseo reprimido por los demás en su relación mutua, creando con ello frustración y alienación, generando violencia y dolor. Su propuesta de interpretación de los sueños intenta analizar, a través del simbolismo y los significados travestidos en imágenes o figuras, las fuentes de esa represión para, una vez sacadas a la luz, desenmascararlas y transformar su represión en un camino consciente de autocontrol y equilibrio personal. La terapia freudiana persigue las fuentes del yo individual, del ego frustrado y frustrante.

Jung observa el inconsciente también como una expresión del estado psicológico del individuo pero, lejos de alienarlo de todo lo que lo rodea, viendo en la realidad y la convivencia con los demás las fuentes de una pulsión atomizada e involuntariamente reprimida, sí identifica en la psique de las personas códigos de significado idénticos entre sí, constantes a lo largo del tiempo. Para Jung la psicología del ser humano posee elementos colectivos históricos, innatos y transculturales que, traspasando realidades particulares o perspectivas personales, alcanza a explicar algunas de las estructuras del pensamiento humano en su conjunto.


El concepto junguiano de “arquetipo” es la base de su teoría. Quizás uno de los libros que para cualquier lector deFantasymundo mejor ejemplifica este concepto es el de ‘Psicoanálisis de los cuentos de hadas’ de Bruno Bettelheim(Crítica, 2009). Allí Bettelheim analizó los cuentos de hadas de distintos tipos, épocas y lugares para intentar observar simbolismos y continuidades en el retrato de los distintos personajes protagonistas. Lo que encontró se corresponde con los arquetipos universales de Jung: el tirano, el héroe, el enamorado… los roles sociales de los cuentos de hadas no sólo correspondían a su estilo ficcional, sino que además observó cómo los cambios en el estilo a lo largo del tiempo no afectaban a la forma de representar a los personajes, quiénes apenas habían sufrido pequeñas transformaciones en siglos.

Para Jung, de hecho, los arquetipos son continuidades simbólicas surgidas del inconsciente, cuya época transformaba en su iconología, pero no en sus significados y contenidos, que debían permanecer presuntamente invariables. Bettelheim confirmó plenamente las hipótesis de Jung en cuanto a las representaciones plasmadas en cuentos de hadas se refiere. Incluso, realizó un trabajo similar al que Jung esperaba tuviesen los psicólogos a partir de entonces: identificando los cambios que cada tiempo y cada sociedad implementaban en estos arquetipos del pensamiento colectivo universal. Este sería el primer paso para identificar las causas y problemas que aquejarían a la psique colectiva e individual de cada momento.

Freud y Jung enfrentaban sus perspectivas de una forma radical. Para Freud el entorno y la realidad inmediata reprimían una pulsión feroz que, desbocada, resultaría voraz y destructiva, por lo que el psicoanálisis perseguiría su gestión equilibradora y estabilizadora. Para Jung el lado oscuro del ser humano tiene que ver con su capacidad para diseñar su propia autonomía, en la transformación particular de unas formas de pensamiento que son universales e intemporales.


‘Psicología y simbólica del arquetipo’ (Paidós, 2011, disponible en FantasyTienda) resulta un libro esencial y central en el desarrollo de la teoría psicológica junguiana. A partir de fenómenos como las visiones del alquimista griego del s. III y IV Zósimo de Panópolis, el simbolismo (esencialmente medieval) de la Misa, y la construcción simbólica del árbol filosófico, recorre más de un milenio de visiones místicas o tradiciones religiosas derivadas de la mística, para mostrarnos la vitalidad de arquetipos que relacionan –a través de tradiciones culturales e iconologías diferentes- el carácter purificador del agua y el fuego, la relevación de la luz y la fuerza de la energía, la imagen de la totalidad en la alquimia, la sangre y la rosa… Paralelismos analizados desde un punto de vista caleidoscópico en el que confluyen la psicología con la historia, los enfoques cognitivos con los discusivos, el conocimiento del ser humano a través de las imágenes y las palabras con las que representa la realidad. Jung hace un repaso exhaustivo de las imágenes en fenómenos tan aparentemente diferentes como la alquimia, la religión y la filosofía para demostrarnos que tras nuestro pensamiento inconsciente hay formas universales e intemporales. El ser humano expuesto a la luz de la pluma imprescindible de la psicología del s. XX. Por muchos motivos, ‘Psicología y simbólica del arquetipo’ (Paidós, 2011) es un libro fundamental en el pensamiento del siglo pasado y actual que hay que tener y leer.

27/8/2014

¿Realmente es malo reprimir la rabia?

¿Cuántas veces ha escuchado que no expresar la ira es malo para su salud? Hay una idea generalizada de que reprimir el enojo no es bueno para el cuerpo, o que por lo menos puede causar una úlcera estomacal. Existen informes que sugieren que puede ser malo para el corazón.
Pero cuando examinamos las pruebas recopiladas a lo largo de los años, ¿qué encontramos sobre el manejo de la ira?
Con respecto a las úlceras, éstas pueden aparecer tanto si usted da vueltas furioso en una habitación como si cocina su ira a fuego lento en silencio.
No hay pruebas claras de la relación entre el hecho de expresar o no el enojo y la formación de úlceras, ya que ahora se sabe que la mayoría de ellas son causadas por la bacteria Helicobacter pylori o por el uso prolongado de fármacos antiinflamatorios sin esteroides.
Cuando se trata del corazón, las pruebas son más ambivalentes. En un estudio realizado en la Universidad de Carolina del Norte en el año 2000, se hizo una encuesta entre 13.000 pacientes que calificaron su propia tendencia a enojarse, y años más tarde se les realizó un seguimiento.
Aunque su presión arterial era aparentemente normal, los que dijeron que pierden los estribos con frecuencia tenían tres veces más probabilidades de haber tenido ataques al corazón durante esos años que los otros pacientes, incluso cuando se tomaron en cuenta factores como el tabaquismo, la diabetes y el peso.
Del mismo modo, Mark McDermott de la Universidad del Este de Londres halló que aquellas personas que expresan su ira han sufrido más enfermedades cardíacas que aquellos que se abstuvieron de gritar.


Exprésese

Esto es bastante creíble, especialmente cuando se sabe que algunos de los mecanismos fisiológicos a través de los cuales expresamos la ira son dañinos. Cuando uno pierde los estribos, la cara se enrojece, se aprieta la mandíbula y el corazón comienza a latir fuertemente preparándose para la lucha o la huida.

Es difícil vincular científicamente los problemas de corazón con la expresión de la ira.
En caso de necesitar energía adicional, el cuerpo toma grasa del músculo liso. Si los ácidos grasos no son finalmente utilizados, tienen que ir a parar a alguna parte y pueden acabar en las paredes de las arterias: estos depósitos pueden contribuir a la enfermedad cardíaca.
Cada vez que su presión arterial se dispara, pueden quedarle cicatrices en el tejido como consecuencia de las diminutas heridas infligidas sobre las paredes de las arterias. Una cicatriz de vez en cuando no es un problema, pero si se repite día tras día, el daño puede acumularse. Un corazón sano puede hacer frente a esto, pero si alguien ya tiene una enfermedad coronaria, a veces el aumento repentino de la presión arterial puede causar que los depósitos de grasa en el interior de la pared de las arterias se desprendan y bloqueen la arteria.
Si la sangre no puede llegar al corazón, el resultado es un ataque al corazón; si no puede llegar al cerebro, será un accidente cerebrovascular.
Pero otros estudios no han demostrado que exista una relación entre la ira y las enfermedades cardíacas, o que las personas con presión arterial alta sean más propensas a reprimir su ira.
En un intento por llegar al fondo del misterio, la israelí Giora Keinan prestó atención no sólo a la frecuencia con que la gente se enoja sino a la intensidad de la ira expresada. Keinan constató que en términos de salud, lo mejor es enojarse mucho y tratar de exponer los argumentos de manera "clara y firme", pero hacerlo sólo en raras ocasiones.
La investigadora sugiere que las personas que logran hacerlo son probablemente las mismas que generalmente saben encontrar otras formas de lidiar con situaciones difíciles. Esto reduce la cantidad de estrés que esas personas experimentan, lo que mejora la función inmune y, por tanto, la salud.
Otra posibilidad es que todo dependa de la forma en que uno expresa la ira. Un estudio realizado en Canadá tomó a 785 adultos seleccionados al azar y les hizo seguimiento durante una década. Se encontró que los hombres que expresan su enfado de manera constructiva y lo utilizan para conseguir que se haga algo, tenían menos probabilidades de desarrollar enfermedades del corazón. En cambio, no se hallaron diferencias entre las mujeres.
Por otra parte, tanto para hombres como mujeres, la expresión del enojo de forma que se culpa a otros y se justifican las propias acciones está asociada con más enfermedades cardíacas.

Preparados para la fiesta

Incluso aunque los estudios no sean concluyentes en cuanto a si la ira es buena desde un punto de vista físico, seguramente el solo hecho de liberar lo que llevamos dentro nos proporcione algo de alivio, ¿no es así? Tal vez no.
Algunos terapeutas le dan a sus pacientes sacos de arena para golpear, pero esto no siempre es tan catártico como suena. De hecho, puede aumentar los sentimientos de ira.
En un estudio, varias personas recibieron críticas insultantes acerca de un ensayo que habían escrito, incluyendo comentarios como por ejemplo "este es el peor ensayo que he leído". La mitad de las personas tuvieron la oportunidad de descargar su ira golpeando un saco de arena. Dijeron que lo disfrutaron, pero luego cuando en otra parte de la prueba tuvieron que someter a un competidor a fuertes ruidos, castigaron a la gente con ruidos más sonoros que los del otro grupo.
Parece que en lugar de calmar, el saco de golpes había vuelto a las personas más agresivas.
Entonces, ¿qué significa todo esto? Bueno, sugiere que retener la ira no provoca demasiado daño, que un arrebato ocasional probablemente esté bien y que no importa tanto si uno se enoja o no, sino cómo lo hace y con qué frecuencia.

6/8/2014

¿De qué se ríen los bebés?

Cuando semanas después de nacido, el bebé finalmente esboza una sonrisa, sus agotados padres se derriten. Muchos lo pueden interpretar como un acto reflejo, pero en realidad no es así. Si se escucha la risa de un bebé, uno no puede sino concluir que entienden la broma.
El doctor Caspar Addyman, investigador de la carcajada del bebé de la Universidad de Londres en Birkbeck, lleva más de cinco años estudiando la risa de los bebés desde su laboratorio y a partir de encuestas por internet a miles de padres de todo el mundo.

Addyman llegó a la conclusión de que los pequeños entienden el chiste.
"Uno no se ríe si no entiende la gracia. Cuando los bebés se ríen de algo, quiere decir que hay algo que comprenden del mundo", le explica al programa Health Check de la BBC.
El experto sabe que esto no es algo fácil de probar en un laboratorio; "pero creo que una de los aspectos clave y mejores de los bebés es su alegría y asombro por el mundo, razón por la cual creemos que debemos incluirlo en la investigación".
En internet hay un video viral sobre un bebé riendo a carcajadas cuando su padre rasga un papel. Una acción que para uno es normal o irrelevante, para el pequeño es de lo más gracioso.
"Esto se debe al elemento sorpresa, a lo inusual", explica Adyman. "Aquí tuvimos un padre con un bebé de tan sólo tres meses que se rió de lo mismo, es probablemente el bebé más pequeño del mundo -que sepamos- que se haya reído de esto".
Addyman y su equipo han procesado las respuestas de unos 1.400 padres de todo el mundo sobre quién hace reír a sus bebés y qué los hace reír más.

Primero cosquillas

Y pareciera que, como durante tanto tiempo han insistido los padres, la risa empieza mucho antes de lo que la mayoría de los psicólogos piensan.
"Pienso que los padres son los que mejor saben si su hijo se está sonriendo o si sólo se trata de un acto reflejo", comenta el experto.
"Las sonrisas se manifiestan desde el primer o segundo mes de nacidos", señala Addyman. "La risa aparece poco después".
Este doctor considera que las cosas de las que se ríen los bebés parecen tener que ver con lo que entienden del mundo.
"Así que para los muy pequeños, son sólo sensaciones físicas", agrega Addyman. "Obviamente las cosquillas son un punto de partida".
"Poner a los bebés de cabeza parece ser una buena forma de hacerlos reír", continúa. "Y en la medida que crecen, aumenta el nivel de sofisticación (del sentido del humor)".
Así, lo siguiente es la sorpresa, que empieza a ser una parte clave de la risa. "Solo cuando tienen de 8 a 12 meses es que entienden lo suficiente del mundo como para detectar cuándo las cosas no son lo que parece".
Ejemplo de ello es cuando la mamá cambia la voz a tonos más infantiles, o el papá se pone un sombrero ridículo. "Estas acciones solo se hacen graciosas cuando el bebé está lo suficientemente seguro de los cimientos de su mundo".
"Es muy difícil hacer que los niños rían en el laboratorio, debido a que cada bebé es distinto y la risa es parte de su relación con el mundo".

30/7/2014

Gelotofobia: miedo a la risa

Con frecuencia, estar con un grupo de amigos y echarse unas risas es una grata experiencia. Pero para quienes sufren de gelotofobia es todo menos eso. Sus víctimas le temen a la risa.
"Escucho reír y asumo que se están burlando de mí. Me pongo tenso y me preparo para la pelea. Puedo sentir la adrenalina", le explica Drummond (todos los nombres de esta historia se han cambiado) a los investigadores que estudian su caso.
"Casi nunca hablo o hago algo que me haga reír", continúa este joven estadounidense de 18 años. "Veo cómo otros se divierten y algunas veces quiero cambiar y ser como ellos. Pero no quiero acercarme y que se burlen de mí porque soy diferente".
Esta descripción fue grabada por la doctora Tracey Platt, de la universidad de Zurich en Suiza, quien forma parte de un grupo de científicos de todo el mundo -incluyendo África, Canadá, India y Rusia- que intentan comprender las causas de este trastorno.
Según los expertos, puede que los gelotofóbicos no entiendan lo que es la risa o piensen que está dirigida a ellos de forma negativa y maliciosa, con lo cual sienten miedo cuando la escuchan.
Con frecuencia les es muy difícil estar rodeados de gente, y pueden sufrir de dolor de cabeza por estrés, mareos y episodios de temblor en situaciones sociales, agregan.
Chukar cuenta que evade las situaciones sociales con la lectura y practicando deportes solitarios.
"Cuando otros me usan como chiste para impresionar a sus amigos, entonces peleo", aclara.
"En la vida he tenido muchas peleas, pero tras lanzar el golpe, con frecuencia terminaba muy mal y el resto del grupo me evadía como una plaga".
Los individuos con esta fobia pueden tener también limitaciones laborales.
Trabajar en una oficina llena de gente puede ser un reto infranqueable si siempre hay alguien riéndose, porque se siente como un ataque personal.
A largo plazo, la fobia puede llevar a la ansiedad y a la baja autoestima. También está asociada con la depresión.
A los gelotofóbicos les puede costar mucho hacer amigos, encontrar amor y tener alguna forma de relación duradera.
"Estoy solo y afronto las cosas solo", confiesa Chukar.

Qué fue primero

La gran mayoría de las personas con gelotofobia dicen haber sufrido acoso escolar.
La investigación sobre las personas con gelotofobia empezó en 2008. Las razones exactas de este trastorno siguen siendo un misterio, lo que significa que el tratamiento es relativamente limitado.
La doctora Platt explica que las causas pueden estar en el ambiente del niño, en cómo se desarrolló su personalidad, la vida escolar, la social y su propio sentido del humor. Y agrega que muchos gelotofóbicos fueron víctimas de acoso escolar.
"La cuestión es qué fue primero. ¿Tiene alguien una disposición que lo hace sensible y hay una incompatibilidad que hace que en primer lugar se sienta acosado? ", se pregunta Platt, quien agrega que también podría ser una respuesta directa al acoso.
Esta experta no cree que la fobia se desarrolle repentinamente en la adultez y sospecha que puede haber una relación con el síndrome de Asperger.
Platt intenta entender qué expresiones faciales se vinculan con la sensación de miedo a la risa.
Tras rellenar cuestionarios en línea, sus voluntarios fueron a su laboratorio en Zurich, donde utiliza avatares para mostrar una variedad de expresiones faciales.
El objetivo es saber el momento exacto en que la sonrisa se convierte en algo terrible.

¿Tratamiento?

"Puede ser que los gelotofóbicos se puedan reprogramar", señala Platt. Pero no están en el punto en que puedan probar tratamientos debido a que se trata de un campo muy nuevo.
Platt explica que lo que quiere es que el trastorno sea fácil de identificar por los terapistas, quienes son los que en el futuro pueden diseñar un tratamiento para el paciente.
La experta agrega que Reino Unido es el país con más prevalencia de gelotofobia, con cerca del 13% de la población, posiblemente por su extendida tendencia humorística.
También es el país con más gelotofobia extrema del mundo. El 1% de la población británica tiene un miedo patológico a la risa.
En algunas culturas asiáticas también hay tasas altas de esta fobia debido a que, según la investigadora, la vergüenza se puede usar como una forma de control.
"Mientras que Dinamarca es la sociedad con el índice más bajo de gelotofobia", cuenta Platt, debido quizás a que las personas no suelen reírse de los demás. "Se ve como algo muy malo el reírse del infortunio de otros".
Menos del 2% de los daneses tienen este trastorno.

El papel de la risa

La profesora Sophie Scott, de la University College London, investiga la neurociencia de las voces, el habla y la risa.
"No creo que se pueda minimizar la importancia de la risa", comenta.
Scott señala que la risa tiene un papel clave en cómo la gente maneja las emociones negativas para que se sienta calmada y alegre, algo que no sería posible en los gelotofóbicos.
"Puedes imaginar lo desagradable que sería si no puedes sumarte a una risa o reaccionar bien a ella".
La especialista agrega que la risa para un gelotofóbico podría ser un indicador de los problemas sociales o rasgos de personalidad.
Scott trabaja para determinar qué ocurre en el cerebro de los niños con trastornos que puedan terminar en gelotofobia y entender sus bases neurológicas.

Información extraída de la BBC

25/1/2014

Psicología del Deporte: Acerca de triunfos y derrotas





En su columna , la Licenciada Julia Alvarez Iguña, le da un enfoque psicológico a la manera de encarar las distintas situaciones ante victorias y caídas.

Toda competencia puede ser tomada como una adversidad o una amenaza, todo dependerá desde el lugar donde me pienso, de cuál es la imagen que tengo de mí mismo y del objetivo de mi juego.

Ante resultados adversos muchas veces el jugador se pregunta: ¿Qué estoy haciendo acá?, sin darse cuenta como ese pensamiento interviene en sumotivación y estado de ánimo. En esos terribles momentos es cuando se necesita hacer un cambio de foco, y recordar que está ahí no por la recompensa que va a recibir, sino por la gratificación del esfuerzo. En el deporte no se puede estar siempre con una “orientación hacia el producto” en lugar de una “orientación hacia el proceso”. 

El deporte, como la vida, es un proyecto a largo plazo lleno de subidas y bajadas. Un jugador de golf siempre me solía decir que es como la montaña rusa, a veces estás arriba y a veces abajo, pero lo importante es que la rueda no deje de girar. El deportista suele ser muy crítico consigo mismo y no se perdona nada, pero el espacio de esperanza y paciencia debe prevalecer sabiendo que esas son las pruebas que nos pone el deporte: o seguís las reglas, o abandonás si no sos lo suficientemente fuerte para afrontarlas.

Perder siempre genera una presión terrible. Cuando se perdió ya no hay nada más que hacer. Muchas veces no se pierde por la habilidad. Recuerdo a Manu Ginobiliante una derrota con su equipo decir: “Nosotros perdimos, pero perdimos por algo: la agresividad”. Cuantas veces el resultado adverso se da por esa trompada fuera de lugar, por la discusión con el referee, por la tarjeta roja de un jugador, por la descarga de agresión injustificada, etc.
¿Quién no ha perdido? Hasta en la vida misma, uno pierde cosas todos los días. Algunos se dejan vencer, tomando el camino más fácil, otros miran para otro lado o ponen el problema afuera. Pero hay otros que llegan midiéndose con el problema. Gracias a las derrotas nos superamos ya que competir por nuevos objetivos es lo que nos pone a prueba y nos da una identidad diferente como personas. Estamos hablando de ideales, de las pequeñas metas, de las pequeñas cosas, de esasanticipadas representaciones que marcan un camino. Una persona logra triunfar según su propia definición de éxito.

El sentimiento de perder, de fracaso, de derrota es subjetivo donde cada jugador le otorga una diferente interpretación. Cuando se ha perdido a alguien importante en la vida, o cuando se ha perdido un sueño, es natural que pasemos por un período emocionalmente conflictivo. Perder es una oportunidad para crecer. Los grandes no se quedan en el fracaso sino que aprenden de sus errores, sabiendo que son esas mismas circunstancias las que los acercan a nuevas metas, a ser cada día un poco mejor. Afrontar una adversidad no está relacionado solo con el resultado, sino con los esfuerzos para enfrentar el problema.

Los fracasos y las derrotas muchas veces nos hacen olvidar de todos los éxitos acumulados. Es lo que puede pasar a un jugador famoso que en un partido definitorio erra su ejecución, por ejemplo, el caso de Carlitos Tevez que erró el penal en la Copa América. Cuando el jugador tiene su “ego” bien puesto y sabe quién es, seguramente recordará esa jugada con tristeza y la lamentará por unos días, pero a un grande lo sostiene los éxitos obtenidos, ya que para eso se trabaja con esfuerzo. No se juega para acordarse solamente de lo malo. 

Al decidir tomar un deporte como un desafío, ya se están reconociendo como personas, como jugadores. El deportista ama su deporte y esa es la energía que loempuja a mejorar. Uno no juega porque se lo han impuesto, o porque busca formas de ser admirado, o porque espera ganar muchos torneos. En todos estos casos esimposible llegar porque la motivación no será lo suficientemente fuerte para soportar la presión.


Una manera de desequilibrar al adversario es demostrando que uno se sienteseguro, mas allá de quien tiene enfrente. Eso es tener control sobe sí mismo. Percibir el estado del contrincante, eso es inteligencia. La presión hay que ejercerla sobre el otro, sobre los puntos débiles del rival. Si en una competencia la presión la ponemos en nosotros mismos, no pensemos mucho en ganar ya que estamos endesventaja. El jugador presiona al otro y no se deja presionar por lo que interpreta del “otro” o de la situación.

Si uno mira hacia atrás en el pasado y todo es negativo, nos quedamos atrapados allí. Lo bueno del pasado es que está detrás de nosotros. Y tu pasado, ¿Dónde está?



Lic. Julia Alvarez Iguña

Psicología aplicada al Alto Rendimiento


21/1/2013

Psicología y matemáticas


¿Ah, pero, los psicólogos estudiáis matemáticas? ¿No es una carrera para gente de letras? Cuántas veces me han hecho esta pregunta al tratar de explicar a alguien los fundamentos matemáticos, en algunas ocasiones bastante complejos, que están en la base de muchos de los test que utilizamos habitualmente en nuestro trabajo. Pues sí, mire, los psicólogos "estudiamos muchas matemáticas, fundamentalmente estadística, tres años en el caso del que esto escribe, y les puedo asegurar que con un alto coste de mortandad académica por el número de suspensos", para sorpresa de muchos ingenuos estudiantes desinformados que habían iniciado esa carrera de obstáculos que supone la licenciatura creyendo que los conceptos matemáticos no tenían nada que ver con ellos. 

 Y es que las matemáticas han tenido mucha relación desde sus inicios con el desarrollo de la psicología científica moderna. Ya en el siglo XIX, un físico, G. Th. Fechner, y un fisiólogo, E. H. Weber, fundaron esa rama de nuestra ciencia que desde entonces ha venido denominándose psicofísica y cuyo objetivo inicial fue el de establecer las relaciones regulares entre las dimensiones físicas y las psicológicas. En el mismo periodo, W. Wundt, el considerado por casi todos los historiadores el auténtico fundador de la psicología moderna, comienza a formular en su laboratorio de Leipzig las primeras leyes asociativas que intentan explicar los fenómenos psíquicos en base a un conjunto de elementos primitivos que van ensamblándose hacia formaciones más complejas a través de su asociación. Sobre la base de este planteamiento y su estructura matemática y experimental subyacente, H. Ebbinghaus, discípulo de Wundt, formuló las denominadas leyes de memoria que intentan explicar cómo el paso del tiempo influye en la decadencia de las asociaciones psíquicas complejas previamente establecidas. 

 Pero sin duda el mayor impulso de las relaciones entre psicología y matemáticas proviene del estudio de las diferencias individuales. Como ya contamos en otro artículo dedicado a la inteligencia, ante la necesidad de poder efectuar el diagnóstico de niños con problemas de deficiencia mental en las escuelas públicas de París, los psicólogos franceses A. Binet y Th. Simon crean el primer test de inteligencia propiamente dicho, siguiendo los pasos metodológicos iniciados por JM. Cattell en 1890. Posteriormente, y ya en plena I Guerra Mundial, los Estados Unidos, al entrar en el conflicto y ante la necesidad de un rápido reclutamiento, crean los denominados test alfa y beta que fueron aplicados a cerca de dos millones de reclutas, el primer uso masivo de una prueba psicológica colectiva. El innegable éxito de las pruebas psicométricas en la selección y clasificación de los reclutas hizo que rápidamente se generalizase su uso y no sólo en el ejército sino en amplios ámbitos de la sociedad civil. 

 Hoy en día, a las tradicionales aplicaciones de las matemáticas en psicología, la psicometría y los diseños experimentales, han venido a unirse otras dos, la modelización matemática de procesos psicológicos utilizando la teoría de la probabilidad, los denominados modelos estocásticos, y la simulación de procesos psicológicos por medio del ordenador, que han sido utilizados en áreas tan diversas como, por ejemplo, la percepción, la toma de decisiones o la identificación de conceptos. Pero no se asuste el lector, no sólo de matemáticas vive la psicología, la matemática y sus técnicas tienen en nuestra ciencia, como en otras muchas, un papel complementario importante, incluso en ocasiones fundamental, pero ni mucho menos excluyente de otras formas de comprender algo tan complejo como el comportamiento humano. 

Somos muchos los profesionales que subscribimos los temores de Eckart Leiser, reputado catedrático de la Universidad Libre de Berlín, en el sentido de que el uso excesivo de las matemáticas en la psicología termine haciendo perder a la investigación psicológica "sus objetos bien definidos como son los procesos concretos que constituyen el mecanismo psíquico del sujeto humano, reduciendo este sujeto a un elemento abstracto dentro de un muestreo estadístico". Pero eso es otra historia.

11/10/2012

Una sonrisa reduce el estrés

Sonreír, aunque sólo sea con el gesto y uno no se sienta tan feliz, puede tener grandes beneficios en la reducción del estrés y del ritmo cardíaco, muestra un estudio. 


Se sabe que cuando una persona se siente bien y contenta suele reflejar esas emociones con una sonrisa. Pero los investigadores de la Universidad de Kansas, Estados Unidos, querían investigar si también ocurre lo contrario. 

Es decir, ¿puede una sonrisa hacernos sentir bien aunque estemos enfrentando momentos de estrés? Para ello decidieron investigar cómo los diversos tipos de sonrisas afectan la capacidad de una persona para recuperarse del estrés. 

Tal como explican los investigadores, las sonrisas se dividen en dos categorías: las estándares, que utilizan los músculos que rodean la boca y las sonrisas de Duchenne, que involucran tanto los músculos que rodean la boca como los que rodean los ojos. El estudio, publicado en Psychological Science, involucró a 169 estudiantes universitarios voluntarios.


El poder del optimismo 

Los participantes fueron divididos en tres grupos y cada grupo recibió instrucciones para mantener durante los experimentos diversas expresiones faciales. Al primer grupo se le colocaron palillos alrededor de la boca, para involucrar los músculos faciales y no hacerlos conscientes de que estaban sonriendo. A los participantes del segundo grupo se les dijo que no sonrieran y mantuvieran un gesto neutral. Y el tercer grupo debía usar una sonrisa de Duchenne. Mientras sostenían esas expresiones todos los grupos debían llevar a cabo una serie de tareas diseñadas para elevar los niveles de estrés. 

 Por ejemplo, tratar de dibujar con la mano no dominante o sumergir las manos en agua helada. Cuando llevaban a cabo las tareas, los investigadores midieron el ritmo cardíaco de los participantes y después estos informaron sobre el nivel de estrés que experimentaron. 

Los resultados, dicen los investigadores, mostraron que los participantes a quienes se instruyó que sonrieran, tanto con la forma estándar como la Duchenne, mostraron una menor frecuencia cardíaca y dijeron tener menores niveles de estrés que aquéllos a quienes se les dijo que no sonrieran. Aunque los que usaron palillos para verse forzados a sonreír mostraron una reducción pequeña en ambos niveles, los que usaron las sonrisas de Duchenne fueron los que mostraron los niveles más bajos. 

Según los científicos, "esto demuestra que sonreír, a pesar de que estemos atravesando periodos de estrés, puede ayudar a reducir la intensidad de estrés, independientemente de que la persona se sienta o no feliz". Tal como explica a BBC Mundo la psicóloga María Elena Garassini, autora del libro "La Felicidad Duradera" y presidenta de la Sociedad Venezolana de Psicología Positiva, "este estudio confirma todo este cuerpo de investigación que ese está haciendo sobre el cultivo de las emociones positivas y sus efectos en la salud".

 "Sonreír puede ser producto de estar pensando o sintiendo una emoción positiva y se sabe que en estas emociones están involucradas varias hormonas que reducen el nivel de estrés". 

"Esto muestra que sonreír, incluso estando en una situación de estrés o en la que quizás no te sientes bien, produce un efecto biológico que te impulsa a hacer cosas positivas tanto para tí mismo como los demás". Según María Elena Garassini, la investigación también confirma lo que otros estudios han mostrado sobre los efectos del optimismo en la salud cardiovascular. 

"Ya se ha demostrado en muchísimos estudios que quienes tienen hábitos positivos, como buenas relaciones interpersonales o realizan actividades que les gustan y les hacen sentir bien, tienen una mejor salud cardíaca".

 "Por eso los cardiólogos y los médicos en general recomiendan ahora a las personas que para tener una buena salud del corazón mantengan esos buenos hábitos" señala la psicóloga venezolana.


6/6/2012

La prevalencia de autismo, más alta que nunca


Un nuevo estudio en Estados Unidos revela que la prevalencia del trastorno del espectro autista es mucho más alta de lo que se pensaba.

El estudio de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) reunió datos de niños diagnosticados con autismo de diversas comunidades y orígenes étnicos que en 2008 cumplieron 8 años.

Encontró que uno de cada 88 niños tiene alguno de los trastornos del espectro autista (TEA), que incluyen autismo, síndrome de Asperger y los llamados trastornos generalizados del desarrollo (TGD).

El anterior informe del CDC sobre prevalencia del autismo, basado en datos de niños que en 2002 cumplieron 8 años, mostró que 1 de cada 150 niños tenía algún trastorno autista.
Éste es un incremento de 78% en los últimos diez años, afirman los investigadores.

El estudio se centró específicamente en niños de 8 años porque la mayoría de los casos se diagnostican antes de cumplir esta edad.

Pero cada vez es más posible diagnosticar la enfermedad mucho más temprano.
Algunos estudios han mostrado que los primeros problemas conductuales vinculados al autismo pueden verse incluso desde los 6 meses de edad.

Los principales puntos del nuevo informe son:

Los niños tienen cinco veces más posibilidad de tener TEA que las niñas

Estudios pasados han demostrado que los varones tienen más riesgo de sufrir algún trastorno autista que las niñas.

Pero el nuevo estudio encontró que la prevalencia es más alta de la que se pensaba.
El informe encontró que uno de cada 54 niños ha sido diagnosticado con TEA.

Tal como señalan los autores, continúan llevándose a cabo investigaciones para entender por qué hay diferencias en la prevalencia entre varones y hembras.

"Y el conocimiento de que el trastorno es más común entre los niños nos puede ayudar a dirigir nuestra búsqueda de las causas", agregan.

Tradicionalmente, las tasas de trastornos autistas han sido más altas entre niños de raza blanca y en países de altos ingresos.

El nuevo informe encontró que el aumento más alto en el número de niños autistas se vio entre los hispanos y los negros.

Desde 2002, el incremento en la prevalencia fue de 110% entre niños hispanos, 91% en niños negros y 70% en niños blancos.

Tal como señalan los investigadores, "sospechamos que esto se debe a los mejores métodos de chequeo y diagnóstico".

"Sin embargo, ese hallazgo explica sólo parte del incremento a través del tiempo, ya que ahora más niños están siendo identificados en todos los grupos raciales y étnicos", agregan.

Desde 2002, el incremento en la prevalencia fue de 110% entre niños hispanos, 91% en niños negros y 70% en niños blancos.

Tal como señalan los investigadores, "sospechamos que esto se debe a los mejores métodos de chequeo y diagnóstico".

"Sin embargo, ese hallazgo explica sólo parte del incremento a través del tiempo, ya que ahora más niños están siendo identificados en todos los grupos raciales y étnicos", agregan.


La mayoría de los niños identificados con TEA no presentan discapacidad intelectual

El estudio revela que 62% de los niños diagnosticados con trastornos autistas no tienen un coeficiente intelectual de 70 o más (el límite considerado normal).
Pero se vieron aumentos en la prevalencia de TEA en todos los niveles de capacidad intelectual.
Conclusión

Todavía no se conocen las causas del TEA, aunque los expertos creen que puede ser una combinación de factores genéticos y ambientales.

Por lo tanto, no se sabe qué es lo que ha causado este incremento.

Tal como afirman los CDC, "para entender más sobre estos trastornos, necesitamos seguir acelerando nuestras investigaciones".

"Estamos trabajando en la búsqueda de los factores de riesgo y las causas para poder atender las crecientes necesidades de los individuos, familias y comunidades afectadas por los trastornos del espectro autista".


en la prevalencia de TEA en todos los niveles de capacidad intelectual.

Más niños reciben un diagnóstico a edades más tempranas

El estudio muestra un incremento en el número de niños que son diagnosticados con TEA antes de cumplir los 3 años de edad.

Pero la mayoría siguen recibiendo diagnósitcos después de cumplir los 4 años, principalmente los vinculados al TGD.

En promedio, dicen los autores, el diagnóstico es más temprano para los niños con trastorno autista (4 años), que para aquéllos con trastornos más ampliamente definidos dentro del espectro o los que sufren TGD (4 años y cinco meses).

Y el diagnóstico de los niños con Asperger surge aún más tarde (6 años y 3 meses).

Según los investigadores, "muchos niños no están siendo diagnosticados con TEA tan temprano como como debería ser".



Conclusión

Todavía no se conocen las causas del TEA, aunque los expertos creen que puede ser una combinación de factores genéticos y ambientales.

Por lo tanto, no se sabe qué es lo que ha causado este incremento.

Tal como afirman los CDC, "para entender más sobre estos trastornos, necesitamos seguir acelerando nuestras investigaciones".

"Estamos trabajando en la búsqueda de los factores de riesgo y las causas para poder atender las crecientes necesidades de los individuos, familias y comunidades afectadas por los trastornos del espectro autista".

Vinculan el estrés postraumático a causas genéticas


La susceptibilidad al trastorno por estrés postraumático (TEPT) podría estar parcialmente determinada por variantes genéticas.

Un equipo de investigadores de Estados Unidos investigó el ADN de 200 miembros de 12 familias que sobrevivieron el terremoto armenio. Los resultados fueron publicados en el Journal of Affective Disorders.

Se encontró que aquellos que tienen dos variantes genéticas que afectan la producción de serotonina -que afecta el humor- eran más propensos a mostrar síntomas de TEPT.
El TEPT puede aparecer después de cualquier tipo de experiencia traumática, ya sea una guerra, un desastre natural, abuso en la infancia, o un ataque sexual.

Los síntomas pueden incluir flash-backs, sensación de estar petrificado o hiperalerta ante el peligro. Quienes padecen el trastorno también tienden a evitar situaciones que actúan como disparadores del recuerdo del trauma original.

Se estima que hasta un 3% de la población puede verse afectada por el TEPT en algún momento.


Estudio esperanzador

El terremoto armenio -que tuvo una magnitud de 7,1- ocurrió el 7 de diciembre de 1988. Sacudió el norte de Armenia, que entonces era parte de la Unión Soviética. Murieron al menos de 25.000 personas.

Todos aquellos que participaron en el estudio sufrieron el terremoto. El 90% vio cuerpos sin vida y el 92% vio gente gravemente herida.

Les fue hecha una evaluación de reconocimiento para saber si tuvieron algún síntoma de TEPT y en ese caso, cuáles.

Cuando los investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) analizaron el ADN de las familias armenias, vieron que aquellas que experimentaron más síntomas de TEPT tenían más probabilidades de tener dos variantes genéticas específicas: TPH1 y TPH2.


Depresión

"Sospechamos que esas variantes de genes producen menos serotonina y predisponen a los miembros de las familias al trastorno de estrés postraumático después de estar expuestos a la violencia o al desastre", explicó el doctor Armen Goenjian, el profesor e investigador en psiquiatría que encabezó el trabajo.

"Nuestro próximo paso será probar y contrastar los hallazgos en una población más amplia y más heterogénea", añadió.

Pero dijo que, si estudios más amplios confirman los hallazgos, podrían eventualmente llevar a nuevas formas de revisar a los pacientes con riesgo de sufrir TEPT, y apuntar a medicinas específicas para prevenir y tratar el trastorno.

"Una herramienta de diagnóstico basada en TPH1 y TPH2 podría permitir a líderes militares identificar a los soldados con mayor riesgo de desarrollar TEPT y a reasignar sus responsabilidades de combate de acuerdo a ello", agregó Goenjian.

"Nuestros hallazgos también pueden ayudar a los científicos a encontrar tratamientos alternativos para el trastorno, como la terapia genética o nuevas drogas que regulen los químicos responsables de los síntomas del TEPT", explicó.

La psicóloga Jennifer Wild, experta en TEPT, dijo que los resultados del estudio eran significativos, pero que sería "prematuro" darle mucho énfasis.

"La relación entre los genes y el TEPT es fuerte, lo cual es prometedor para guiar futuros estudios que posiblemente podrían incluir un test genético", agregó.

"Pero la variante de gen descubierta en el estudio sólo explicaba una proporción pequeña de los síntomas del TEPT en los pacientes. Factores psicológicos, tales como la historia del trauma o rasgos de la personalidad como el neuroticismo tienden a predecir el TEPT con mucha mayor precisión y son menos costosas de evaluar", señaló.

La especialista también consideró que el hecho de que se le pida a la gente que piense en experiencias pasadas –en lugar de estudiarlas cuando las están experimentando- también era problemático.

Los inhibidores de la recepción de serotonina, comúnmente utilizados para combatir la depresión, mejoran el ánimo al prolongar el efecto de la serotonina en el cerebro y al hacer más lenta su absorción por las células cerebrales.

Sin embargo, la doctora Wild dijo que el tratamiento recomendado para el TEPT era la terapia psicológica.

24/5/2012

La depresión nos hace olvidadizos



La depresión perjudica la memoria al restarle al cerebro plasticidad y capacidad de adaptación, según un estudio de investigadores suecos.
Científicos del Instituto Karolinska de Estocolmo trazaron la forma en que el estado depresivo resta plasticidad a las células cerebrales y se convierte en un obstáculo para diferentes funciones cerebrales, sobre todo la capacidad de almacenamiento en la memoria.
La profesora Mia Lindskog, responsable del estudio, le explicó a BBC Mundo que esa pérdida de plasticidad del cerebro deprimido significa una merma en la "capacidad para incrementar o reducir la conectividad entre las células".
"Nuestra idea inicial era demostrar que la depresión podía deberse a la falta de plasticidad, lo que hacía que el cerebro se volviera más rígido y no pudiera cambiar de pensamiento con normalidad. Pero comprobamos que no era cierto", agregó Lindkog.
La experta agregó que su equipo busca "nuevos mecanismos que puedan ayudar a encontrar terapias innovadoras contra la depresión".
"Ahora entendemos mucho más sobre cómo la actividad del cerebro es diferente cuando el individuo sufre depresión".

Memoria y apatía

Las conclusiones del equipo de Lindskog se basan en un experimento llevado a cabo con ratas criadas especialmente para que presentaran comportamientos depresivos.
Las ratas fueron sometidas a dos pruebas para confirmar sus comportamientos característicos de la depresión, uno sobre memoria y otro sobre su nivel de apatía: las soltaron en un contenedor con agua y observaron si se limitaban a flotar -las deprimidas- o trataban de salir.
Una vez confirmado su comportamiento depresivo, les administraban serina, un aminoácido.
La sustancia mejoraba sus habilidades memorísticas, pero no pareció tener efecto en la apatía.
Al tiempo, estudiaron las zonas del cerebro más relacionadas con la memoria y detectaron mayor actividad sináptica en las ratas deprimidas que en los ejemplares de control.
Sin embargo, cuando trataron de incrementar el nivel de interconectividad cerebral, se puso de manifiesto la falta de respuesta al estímulo en el caso de las ratas deprimidas, lo que indicaba una falta de plasticidad.
Con la serina la plasticidad del cerebro de las ratas deprimidas mejoró.
"Demostramos que hay dos síntomas que pueden ser influenciados de forma independiente, lo que significa que pueden ser tratados en tándem en pacientes con depresión", comentó Lindskog.
Sin embargo, como explica Lindskog, "la serina no pasa de la sangre al cerebro particularmente bien, así que no parece un candidato en el que fundamentar un nuevo medicamento".
"Pero identificamos el mecanismo por el que es posible mejorar la plasticidad y, consecuentemente la memoria, un camino por el que deberíamos trabajar para ser capaces de encontrar una vía que no implique necesariamente la serina".




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