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29 mar. 2016

DSM V - Descarga Gratuita


El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (en inglés Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders,DSM) de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (en inglés American Psychiatric Association o APA) contiene una clasificación de los trastornos mentales y proporciona descripciones claras de las categorías diagnósticas, con el fin de que los clínicos y los investigadores de las ciencias de la salud puedan diagnosticar, estudiar e intercambiar información y tratar los distintos trastornos mentales.
La edición vigente es la quinta, DSM-5, publicada el 18 de mayo de 2013.


 Para descargar clic aqui:

11 feb. 2016

Las dudas que nos impiden acudir al psicólogo por primera vez

Acudir a un psicólogo por primera vez no es una tarea tan sencilla como podría parecernos a simple vista. Muchas personas pasan internamente por procesos difíciles y pueden verse asaltados por numerosas dudas respecto a solicitar ayuda a un psicólogo profesional.
Es interesante conocer cuáles suelen ser las preguntas y los pensamientos que antes de acudir a un psicólogo profesional uno suele hacerse a sí mismo y que nos desvelan las inquietudes que con más frecuencia se repiten. Asimismo veremos cómo ayudarle a sortearlas para no cronificar los problemas y evitar un malestar emocional innecesario.

1- Dudas sobre la gravedad del problema
Cuando los síntomas de una enfermedad y el sufrimiento psicológico asociado causan un deterioro físico, laboral y social significativo es el momento de planteárselo seriamente. Es muy importante acudir lo antes posible a un psicólogo para no agravar la situación y que a la larga sea mucho más difícil erradicar el problema y mejorar su estado anímico.
2- Otras personas han pasado por lo mismo y han salido adelante
En este sentido cabría decir que con frecuencia nos encontramos conpersonas que se exigen por encima de sus límites y sus posibilidades reales. Para ellos acudir a un psicólogo puede llegar a despertar sentimientos de vergüenza o humillación por no poder solos. Con el fin de calmar su malestar les diríamos que puede resultarles conveniente y útil conocer que los recursos individuales de afrontamiento son variables entre las diferentes personas e incluso en una misma persona en diferentes momentos.
El grado de  vulnerabilidad emocional y de fortaleza psíquica es el resultado de la interacción entre un conjunto de elementos como la predisposición genética y los factores ambientales (crianza, acontecimientos vitales estresantes, circunstancias laborales, familiares, sentimentales, etc). Ambos, factores biológicos y ambientales, se hallan en permanente interacción y su resultado final varía. Esto nos permite comprender por qué una persona enferma y otra no, o por qué un individuo lo hace en un momento determinado y no en otro. Un psicólogo puede ayudarle a comprender de forma más profunda qué le pasa en ese momento y a activar aquellas aspectos de su psiquismo que le ayuden a recuperar la salud.
3- Nadie me puede ayudar
Muchas personas piensan que lo que ellos no puedan hacer por sí mismos, nadie podrá hacerlo. En parte es cierto y en parte no. Hay problemas que no son una cuestión de voluntad, querer no siempre es poder. Para llegar a este acto de voluntad primero hay que descubrir qué le pasa a uno e identificar aquellos elementos que contribuyen a recuperar la salud y el bienestar emocional. Existen fuerzas psíquicas inconscientes que el profesional ayuda a desvelar para poder tratarlos y que el propio paciente trabaje a su favor. 
4- El tiempo lo cura todo
Esta es una de las falacias más extendidas y que está más arraigada está en el sentir popular. El tiempo no cura el dolor emocional. Es lo que cada uno hace durante el mismo lo que ayuda a que los sentimientos dolorosos que en un momento vital resultan ingobernables puedan elaborarse y transformarse en experiencias constructivas.
5- Miedo a la estigmatización social
Si bien en nuestra sociedad actual la figura del psicólogo cada vez resulta más familiar al hallarse presente en contextos escolares, laborales y clínicos también es verdad que acudir a un experto despierta temores hacia el qué dirán al ser descubiertos o a que esta información conlleve el rechazo social al quedar fácilmente etiquetados como “locos” o “débiles mentales” o incluso a que lo usen como arma arrojadiza ante los demás.
Sin embargo, a estas personas les diríamos que si bien la sociedad tiene una asignatura pendiente respecto a normalizar y comprender mejor lo que acudir a un psicólogo significa, ellos han de saber que no siempre los demás van a comprender nuestras razones. Acudir a un profesional evidencia dos cosas esenciales. La primera es que se puede pedir ayuda y que se tiene el suficiente grado de conciencia para saber que se padece un malestar emocional que te hace sufrir, y la segunda que se ha decidido valientemente usar todos los recursos disponibles para solucionarlo. El psicólogo es uno de ellos.
6- Miedo al cambio
Por último nos gustaría mencionar a aquellas personas que saben a ciencia cierta que tienen un problema. Hallamos en estas personas más dificultades y temores para comprometerse con sus cambios personales, que conllevarían a acabar con su malestar.
No podemos mejorar sin cambiar, de lo que se trata es de saber cuál es el precio que pagamos si no lo hacemos y vislumbrar el beneficio que nos reportaría a nuestra vida. Una vida con menos sufrimiento o, al menos, un sufrimiento más soportable.
*Raquel Tomé es psicóloga y psicoterapeuta clínica

29 dic. 2014

¿Es posible llevar una vida normal con solo medio cerebro?

En los últimos meses han aparecido varias noticias en la prensa sobre personas que siguieron viviendo, sin mayores efectos adversos, a pesar de tener extensas partes de sus cerebros dañadas o haberlas perdido completamente.
Esos casos cuentan una historia sobre la mente que va más allá del impacto inicial que provocan. No es sólo que no entendemos cómo funciona el cerebro, sino que quizás lo intentamos comprender de la forma equivocada.
Este año, por ejemplo, se supo que una mujer se quedó sin cerebelo, una región que contiene la mitad de las células del cerebro. No se trata sólo un daño cerebral, le falta la estructura completa.
Sin embargo, esta mujer vive una vida normal. Se graduó, se casó y tuvo un niño después de un embarazo y parto sin incidentes. Una biografía estándar para alguien de 24 años.
La mujer no quedó totalmente inafectada. Durante su vida ha padecido dificultades por sus movimientos inseguros y torpes.
Pero lo sorprendente es que pueda siquiera moverse, tras perder una parte del cerebro que es tan fundamental que evolucionó con los primeros vertebrados; los tiburones que nadaban cuando los dinosaurios estaban sobre la Tierra tenían cerebelos.

Órgano complejo

Ese caso hace resaltar un triste hecho acerca de la ciencia del cerebro. No solemos proclamarlo a los cuatro vientos, pero hay grandes lagunas incluso en nuestra comprensión más básica sobre su funcionamiento.
No podemos ponernos de acuerdo ni siquiera sobre algunas de las más importantes de sus regiones, como el cerebelo.
Casos raros como el de la mujer que no lo tiene, muestran esa ignorancia.
Es frecuente que alguien camine en un hospital y un escáner de su cerebro revele las sorprendentes diferencias que podemos tener dentro de nuestras cabezas, diferencias que podrían tener solo pequeños efectos observables en nuestro comportamiento.
Parte del problema quizás sea nuestra forma de pensar. Es natural ver al cerebro como una pieza de tecnología seleccionada naturalmente.
Resulta que, en tecnología humana, hay muchas veces una relación directa entre estructura y función.
Si tengo una tostadora, el calor lo suministra el calentador eléctrico, el tiempo está controlado por un temporizador y lo que hace saltar el pan es un resorte.
No hay un esquema así de simple para el cerebro.
Aunque nos encanta hablar de la región del cerebro para la vista, el hambre o el amor no hay tales regiones porque en el cerebro no hay una tecnología donde cualquier función es gobernada por una parte solamente.

Adaptación y "degeneración"

Tomemos otro caso reciente, el de un hombre al que se le encontró una lombriz solitaria en su cerebro.
Durante cuatro años, el gusano cavó de un lado al otro, provocándole una variedad de problemas tales como convulsiones, problemas de memoria y sensaciones de olores raros.
Si el cerebro funcionara como la mayor parte de la tecnología de diseño esto no sería posible. Si una lombriz cava de un lado al otro de un teléfono, el aparato dejaría de funcionar.
De hecho, cuando una de las primeras computadoras electromecánicas funcionó mal en la década de los 40 del pasado siglo, una investigación reveló el problema: una polilla quedó atrapada en un relé, el primer caso de un bug ("insecto", en informática "fallo" o "virus")
Parte de la explicación por la aparente resistencia del cerebro es su "plasticidad", una habilidad para adaptar su estructura basándose en la experiencia.
Pero otra pista viene de un concepto propuesto por Gerald Edelman, un neurocientífico ganador del Premio Nobel de Medicina en 1972.
Edelman se dio cuenta de que las funciones biológicas muchas veces están apoyadas por estructuras múltiples, es decir que características físicas individuales son codificadas por múltiples genes.
De manera tal que si se elimina un solo gen eso no impide que una característica se desarrolle aparentemente de forma normal.
"Degeneración" fue el terminó que le dio a esa habilidad de las distintas estructuras múltiples de apoyar una sola función.
Y así resulta ser con el cerebro. Las funciones importantes que lleva a cabo no son distribuidas a una parte específica de sus regiones, sino que son apoyadas por múltiples de ellas, muchas veces de forma similar pero de maneras un poco distintas.
Si una estructura se daña, otras son capaces de arreglarla.

Sistemas múltiples
Esto ayuda a explicar por qué los neurocientíficos tienen tantos problemas para comprender lo que hace cada distinta región del cerebro.
Si uno intenta entender las zonas del cerebro, usando una regla simple de una función por región y una región por función, nunca podrá diseñar los experimentos necesarios para desmontar el entramado de la estructura y la función.
El cerebelo es más conocido por controlar los movimientos precisos, pero otras zonas del cerebro tales como los ganglios basales y la corteza motriz están íntimamente involucradas en mover nuestros cuerpos.
Preguntarse cuál es la única cosa que hace una determinada área quizás no sea la interrogante correcta, cuando todas contribuyen a que suceda.
La memoria es otro ejemplo de una función biológica esencial que parece recibir el apoyo de sistemas múltiples del cerebro.
Si te encuentras con alguien que conociste una vez, quizás recuerdes que tenía reputación de ser alguien bueno, recuerdas un incidente en particular en el que se comportaron de buena forma o simplemente retienes una sensación vagamente positiva sobre su persona.
Son todas formas de la memoria que te dicen de confiar en esta persona y todas se apoyan en distintas partes del cerebro que hacen el mismo trabajo, en una forma un poco distinta.
Ederman y su colega, Joseph Gally, llamaron a la degeneración una "propiedad biológica ubicua…una característica de complejidad", afirmando que es un resultado inevitable de la selección natural.
Eso explica por qué algunas condiciones inusuales del cerebro no tienen efectos tan catastróficos como podría pensarse y, también, por qué los científicos encuentran el cerebro tan complicado de intentar entender.

6 oct. 2014

Qué hacemos los psicólogos, especialmente cuando parece que no hacemos nada


Por: Gabriella Bianco

A la hora de buscar un profesional de la salud para solventar un malestar físico concreto nos resulta bastante familiar elegir el especialista al cual acudir: en el caso de una fractura acudiremos al médico traumatólogo, si nos duele el oído a un otorrino etc. Sin embargo, cuando nos sentimos desorientados y afligidos tras la pérdida de un ser querido, cuando la angustia no nos deja respirar o nos impide alimentarnos o descansar adecuadamente, tras un acontecimiento que vivimos como especialmente violento o traumático y la vida no parece ya ser la misma o cuando en la vida ‘tropezamos siempre con la misma piedra’ y esto nos impide avanzar… ¿A quién acudimos? ¿Qué hacemos?
A menudo nos sentimos desorientados, quisiéramos ‘restablecer el orden en nuestra vida’ pero no encontramos el cómo, el ‘botón para reiniciar’, o dudamos acerca del especialista al cual acudir para recibir la atención especializada y adecuada a nuestro problema. Cuando nos adentramos en la búsqueda de un profesional de la salud mental suelen aparecer dudas, temores, prejuicios, experiencias previas negativas o la simple falta de información, que nos lleva a confundirnos aún más.
Considero imprescindible, así como un derecho de todo usuario del Sistema de Salud, la buena información para poder llegar a una decisión informada, siendo la responsabilidad final de elegir el profesional y el enfoque terapéutico.
Este artículo tiene como primer propósito informar acerca de las competencias y los ámbitos de actuación del psicólogo sin la pretensión de retratar una realidad única u objetiva, sino ofreciendo al público general una orientación que pueda facilitar la búsqueda personal en un camino percibido a menudo como enrevesado o confuso.

¿Quién es y que hace el psicólogo?
Un psicólogo es un profesional licenciado en Psicología. Estudió la conducta humana desde enfoques distintos y en contextos diferentes (Psicología evolutiva, social, comunitaria, organizacional, clínica, etc.). Lo podemos encontrar desempeñando su labor en el área educativa, social y comunitaria, de recursos humanos y, si se especializa en psicología clínica tendrá una base sólida en psicopatología, diagnóstico clínico y técnicas de intervención, lo cual le habilita -por ejemplo- a realizar tests de psicodiagnóstico, evaluar los resultados, redactar informes, elaborar y llevar a cabo un plan de intervención psicológica individual o grupal conjuntamente con el/los usuarios y, en ocasiones, con otros profesionales (como el médico Psiquiatra u otras especialidades). En España el psicólogo colegiado puede ejercer su profesión en una institución pública o en consulta privada, tal y como describe el Código Deontológico del Psicólogo.
Es posible y probable que el profesional de la Psicología se especialice tras la carrera universitaria cursando formaciones suplementares dirigidas a profundizar en la investigación, el reconocimiento de patologías específicas, distintos modelos de intervención o áreas concretas dentro del amplio marco de la Psicología Humana (psicología infanto-juvenil, psicotraumatología, psicología de la salud, etc.). Lo anterior no significa per se que un psicólogo sea (también) psicoterapeuta, ya que la carrera de Psicología no contempla esta formación, que se puede adquirir formándose adecuadamente tras la licenciatura.
¿Qué diferencia hay entre psicólogo y psiquiatra? A menudo se plantea esta pregunta, debido a la falta de experiencia, de información o simplemente a la confusión generada por los mismos profesionales de la salud (mental).
El psiquiatra es un médico especialista en patologías mentales. En España hay aún escasez de psiquiatras formados en psicoterapia y, dentro del grupo de los psiquiatras-psicoterapeutas son la minoría quienes optan por emplear este recurso en su quehacer profesional. Por lo tanto la intervención psiquiátrica consiste principalmente en la valoración del estado de salud mental del paciente, el establecimiento de un diagnóstico según los criterios internacionales de diagnóstico de trastornos mentales (DSM IV y/o CIE-10) y, finalmente, la indicación de un tratamiento farmacológico pertinente, que requiere controles pautados por y con el mismo médico psiquiatra.

¿Cuándo es precisa una consulta con un psicólogo y de qué sirve?
El ser humano posee extraordinarios y sorprendentes recursos internos y externos para hacer frente a las situaciones más adversas. Sin embargo no siempre disponemos de estrategias de afrontamiento ad hoc, ni es esperable que siempre las encontremos sin ayuda profesional y podamos resolver situaciones puntuales o recurrentes de malestar intenso.
La intervención de un psicólogo colegiado, honrado y con suficiente experiencia podrá permitirnos encontrar un espacio en el que podamos establecer una relación de confianza y empatía con el profesional para, en primer lugar, nombrar y definir el problema, conocer los mecanismos que nos llevan al malestar y sentirnos acompañados en el proceso de cambio a nivel cognitivo, emocional y psicosocial, así como en el ensayo de nuevas estrategias de afrontamiento y de promoción de nuestra resiliencia. En su quehacer profesional el psicólogo desempeñará su tarea con el máximo rigor científico, recurriendo a todos sus conocimientos e instrumentos desde las distintas escuelas psicológicas y marcos teóricos y de intervención de los que dispone, según la formación recibida y los objetivos que se establezcan conjuntamente con el usuario.
El abanico de escuelas y técnicas puede variar: psicología humanista, psicología cognitivo-conductual, psicología sistémica etc., así como técnicas más verbales o corporales, siempre estableciendo un vínculo sano entre psicólogo y usuario, respetuoso con la disponibilidad y facilidades de este último.
En alguna ocasión, especialmente por las características de la patología presentada por el usuario la intervención del psicólogo requiere de una colaboración con el médico psiquiatra. Así, como es tradición y como se sigue considerando una buena práctica en otros países europeos y extra-europeos, sería esperable que también en nuestro país los usuarios que acuden a un médico psiquiatra o a un psicólogo pudieran beneficiarse en su evolución clínica de una buena colaboración, una comunicación fluida y de una relación de de mutuo respeto entre los dos profesionales de la salud mental con competencias afines y complementarias.
En los intereses del propio usuario y con el fin de promocionar su salud auspiciando un pronóstico favorable, sería esperable que el médico psiquiatra y el psicólogo trabajasen de la mano, recomendando al usuario el seguimiento psicológico y/o psicoterapéutico suplementario al tratamiento farmacológico (debido el caso) para mejorar la eficiencia del mismo y potenciar la autoeficacia y la autonomía de la persona (en ocasiones en vista de retirar la medicación en cuanto ésta haya adquirido suficientes herramientas para cuidar de su bienestar).
Gabriella Bianco* es psicóloga (B-1227) y psicoterapeuta.

4 sept. 2014

Psicología y simbólica del arquetipo, de Carl Gustav Jung

El ser humano expuesto a la luz de la pluma imprescindible de la psicología del s. XX. Por muchos motivos, este es un libro fundamental en el pensamiento del siglo pasado y actual que hay que tener y leer.



El divorcio intelectual entre Sigmund Freud y Carl Gustav Jung ha sido tan marcado en lo personal que, incluso con la distancia del tiempo, se ha tendido a resaltar más el aspecto íntimo que el teórico entre ambos. Incluso la película de inefable título, ‘Un método peligroso’ (David Cronemberg, 2011), busca más las relaciones entre ellos, el combate sentimental pretendidamente exagerado e histriónico, que la profunda línea divisoria que distanciaba las ideas y el enfoque de los dos hombres: lo individual y lo colectivo.

Freud fundamentaba su propuesta del inconsciente en la pulsión y el deseo, en el impulso vital del ser humano por dominar y transformar la realidad que lo rodea. Un deseo reprimido por los demás en su relación mutua, creando con ello frustración y alienación, generando violencia y dolor. Su propuesta de interpretación de los sueños intenta analizar, a través del simbolismo y los significados travestidos en imágenes o figuras, las fuentes de esa represión para, una vez sacadas a la luz, desenmascararlas y transformar su represión en un camino consciente de autocontrol y equilibrio personal. La terapia freudiana persigue las fuentes del yo individual, del ego frustrado y frustrante.

Jung observa el inconsciente también como una expresión del estado psicológico del individuo pero, lejos de alienarlo de todo lo que lo rodea, viendo en la realidad y la convivencia con los demás las fuentes de una pulsión atomizada e involuntariamente reprimida, sí identifica en la psique de las personas códigos de significado idénticos entre sí, constantes a lo largo del tiempo. Para Jung la psicología del ser humano posee elementos colectivos históricos, innatos y transculturales que, traspasando realidades particulares o perspectivas personales, alcanza a explicar algunas de las estructuras del pensamiento humano en su conjunto.


El concepto junguiano de “arquetipo” es la base de su teoría. Quizás uno de los libros que para cualquier lector deFantasymundo mejor ejemplifica este concepto es el de ‘Psicoanálisis de los cuentos de hadas’ de Bruno Bettelheim(Crítica, 2009). Allí Bettelheim analizó los cuentos de hadas de distintos tipos, épocas y lugares para intentar observar simbolismos y continuidades en el retrato de los distintos personajes protagonistas. Lo que encontró se corresponde con los arquetipos universales de Jung: el tirano, el héroe, el enamorado… los roles sociales de los cuentos de hadas no sólo correspondían a su estilo ficcional, sino que además observó cómo los cambios en el estilo a lo largo del tiempo no afectaban a la forma de representar a los personajes, quiénes apenas habían sufrido pequeñas transformaciones en siglos.

Para Jung, de hecho, los arquetipos son continuidades simbólicas surgidas del inconsciente, cuya época transformaba en su iconología, pero no en sus significados y contenidos, que debían permanecer presuntamente invariables. Bettelheim confirmó plenamente las hipótesis de Jung en cuanto a las representaciones plasmadas en cuentos de hadas se refiere. Incluso, realizó un trabajo similar al que Jung esperaba tuviesen los psicólogos a partir de entonces: identificando los cambios que cada tiempo y cada sociedad implementaban en estos arquetipos del pensamiento colectivo universal. Este sería el primer paso para identificar las causas y problemas que aquejarían a la psique colectiva e individual de cada momento.

Freud y Jung enfrentaban sus perspectivas de una forma radical. Para Freud el entorno y la realidad inmediata reprimían una pulsión feroz que, desbocada, resultaría voraz y destructiva, por lo que el psicoanálisis perseguiría su gestión equilibradora y estabilizadora. Para Jung el lado oscuro del ser humano tiene que ver con su capacidad para diseñar su propia autonomía, en la transformación particular de unas formas de pensamiento que son universales e intemporales.


‘Psicología y simbólica del arquetipo’ (Paidós, 2011, disponible en FantasyTienda) resulta un libro esencial y central en el desarrollo de la teoría psicológica junguiana. A partir de fenómenos como las visiones del alquimista griego del s. III y IV Zósimo de Panópolis, el simbolismo (esencialmente medieval) de la Misa, y la construcción simbólica del árbol filosófico, recorre más de un milenio de visiones místicas o tradiciones religiosas derivadas de la mística, para mostrarnos la vitalidad de arquetipos que relacionan –a través de tradiciones culturales e iconologías diferentes- el carácter purificador del agua y el fuego, la relevación de la luz y la fuerza de la energía, la imagen de la totalidad en la alquimia, la sangre y la rosa… Paralelismos analizados desde un punto de vista caleidoscópico en el que confluyen la psicología con la historia, los enfoques cognitivos con los discusivos, el conocimiento del ser humano a través de las imágenes y las palabras con las que representa la realidad. Jung hace un repaso exhaustivo de las imágenes en fenómenos tan aparentemente diferentes como la alquimia, la religión y la filosofía para demostrarnos que tras nuestro pensamiento inconsciente hay formas universales e intemporales. El ser humano expuesto a la luz de la pluma imprescindible de la psicología del s. XX. Por muchos motivos, ‘Psicología y simbólica del arquetipo’ (Paidós, 2011) es un libro fundamental en el pensamiento del siglo pasado y actual que hay que tener y leer.

27 ago. 2014

¿Realmente es malo reprimir la rabia?

¿Cuántas veces ha escuchado que no expresar la ira es malo para su salud? Hay una idea generalizada de que reprimir el enojo no es bueno para el cuerpo, o que por lo menos puede causar una úlcera estomacal. Existen informes que sugieren que puede ser malo para el corazón.
Pero cuando examinamos las pruebas recopiladas a lo largo de los años, ¿qué encontramos sobre el manejo de la ira?
Con respecto a las úlceras, éstas pueden aparecer tanto si usted da vueltas furioso en una habitación como si cocina su ira a fuego lento en silencio.
No hay pruebas claras de la relación entre el hecho de expresar o no el enojo y la formación de úlceras, ya que ahora se sabe que la mayoría de ellas son causadas por la bacteria Helicobacter pylori o por el uso prolongado de fármacos antiinflamatorios sin esteroides.
Cuando se trata del corazón, las pruebas son más ambivalentes. En un estudio realizado en la Universidad de Carolina del Norte en el año 2000, se hizo una encuesta entre 13.000 pacientes que calificaron su propia tendencia a enojarse, y años más tarde se les realizó un seguimiento.
Aunque su presión arterial era aparentemente normal, los que dijeron que pierden los estribos con frecuencia tenían tres veces más probabilidades de haber tenido ataques al corazón durante esos años que los otros pacientes, incluso cuando se tomaron en cuenta factores como el tabaquismo, la diabetes y el peso.
Del mismo modo, Mark McDermott de la Universidad del Este de Londres halló que aquellas personas que expresan su ira han sufrido más enfermedades cardíacas que aquellos que se abstuvieron de gritar.


Exprésese

Esto es bastante creíble, especialmente cuando se sabe que algunos de los mecanismos fisiológicos a través de los cuales expresamos la ira son dañinos. Cuando uno pierde los estribos, la cara se enrojece, se aprieta la mandíbula y el corazón comienza a latir fuertemente preparándose para la lucha o la huida.

Es difícil vincular científicamente los problemas de corazón con la expresión de la ira.
En caso de necesitar energía adicional, el cuerpo toma grasa del músculo liso. Si los ácidos grasos no son finalmente utilizados, tienen que ir a parar a alguna parte y pueden acabar en las paredes de las arterias: estos depósitos pueden contribuir a la enfermedad cardíaca.
Cada vez que su presión arterial se dispara, pueden quedarle cicatrices en el tejido como consecuencia de las diminutas heridas infligidas sobre las paredes de las arterias. Una cicatriz de vez en cuando no es un problema, pero si se repite día tras día, el daño puede acumularse. Un corazón sano puede hacer frente a esto, pero si alguien ya tiene una enfermedad coronaria, a veces el aumento repentino de la presión arterial puede causar que los depósitos de grasa en el interior de la pared de las arterias se desprendan y bloqueen la arteria.
Si la sangre no puede llegar al corazón, el resultado es un ataque al corazón; si no puede llegar al cerebro, será un accidente cerebrovascular.
Pero otros estudios no han demostrado que exista una relación entre la ira y las enfermedades cardíacas, o que las personas con presión arterial alta sean más propensas a reprimir su ira.
En un intento por llegar al fondo del misterio, la israelí Giora Keinan prestó atención no sólo a la frecuencia con que la gente se enoja sino a la intensidad de la ira expresada. Keinan constató que en términos de salud, lo mejor es enojarse mucho y tratar de exponer los argumentos de manera "clara y firme", pero hacerlo sólo en raras ocasiones.
La investigadora sugiere que las personas que logran hacerlo son probablemente las mismas que generalmente saben encontrar otras formas de lidiar con situaciones difíciles. Esto reduce la cantidad de estrés que esas personas experimentan, lo que mejora la función inmune y, por tanto, la salud.
Otra posibilidad es que todo dependa de la forma en que uno expresa la ira. Un estudio realizado en Canadá tomó a 785 adultos seleccionados al azar y les hizo seguimiento durante una década. Se encontró que los hombres que expresan su enfado de manera constructiva y lo utilizan para conseguir que se haga algo, tenían menos probabilidades de desarrollar enfermedades del corazón. En cambio, no se hallaron diferencias entre las mujeres.
Por otra parte, tanto para hombres como mujeres, la expresión del enojo de forma que se culpa a otros y se justifican las propias acciones está asociada con más enfermedades cardíacas.

Preparados para la fiesta

Incluso aunque los estudios no sean concluyentes en cuanto a si la ira es buena desde un punto de vista físico, seguramente el solo hecho de liberar lo que llevamos dentro nos proporcione algo de alivio, ¿no es así? Tal vez no.
Algunos terapeutas le dan a sus pacientes sacos de arena para golpear, pero esto no siempre es tan catártico como suena. De hecho, puede aumentar los sentimientos de ira.
En un estudio, varias personas recibieron críticas insultantes acerca de un ensayo que habían escrito, incluyendo comentarios como por ejemplo "este es el peor ensayo que he leído". La mitad de las personas tuvieron la oportunidad de descargar su ira golpeando un saco de arena. Dijeron que lo disfrutaron, pero luego cuando en otra parte de la prueba tuvieron que someter a un competidor a fuertes ruidos, castigaron a la gente con ruidos más sonoros que los del otro grupo.
Parece que en lugar de calmar, el saco de golpes había vuelto a las personas más agresivas.
Entonces, ¿qué significa todo esto? Bueno, sugiere que retener la ira no provoca demasiado daño, que un arrebato ocasional probablemente esté bien y que no importa tanto si uno se enoja o no, sino cómo lo hace y con qué frecuencia.

6 ago. 2014

¿De qué se ríen los bebés?

Cuando semanas después de nacido, el bebé finalmente esboza una sonrisa, sus agotados padres se derriten. Muchos lo pueden interpretar como un acto reflejo, pero en realidad no es así. Si se escucha la risa de un bebé, uno no puede sino concluir que entienden la broma.
El doctor Caspar Addyman, investigador de la carcajada del bebé de la Universidad de Londres en Birkbeck, lleva más de cinco años estudiando la risa de los bebés desde su laboratorio y a partir de encuestas por internet a miles de padres de todo el mundo.

Addyman llegó a la conclusión de que los pequeños entienden el chiste.
"Uno no se ríe si no entiende la gracia. Cuando los bebés se ríen de algo, quiere decir que hay algo que comprenden del mundo", le explica al programa Health Check de la BBC.
El experto sabe que esto no es algo fácil de probar en un laboratorio; "pero creo que una de los aspectos clave y mejores de los bebés es su alegría y asombro por el mundo, razón por la cual creemos que debemos incluirlo en la investigación".
En internet hay un video viral sobre un bebé riendo a carcajadas cuando su padre rasga un papel. Una acción que para uno es normal o irrelevante, para el pequeño es de lo más gracioso.
"Esto se debe al elemento sorpresa, a lo inusual", explica Adyman. "Aquí tuvimos un padre con un bebé de tan sólo tres meses que se rió de lo mismo, es probablemente el bebé más pequeño del mundo -que sepamos- que se haya reído de esto".
Addyman y su equipo han procesado las respuestas de unos 1.400 padres de todo el mundo sobre quién hace reír a sus bebés y qué los hace reír más.

Primero cosquillas

Y pareciera que, como durante tanto tiempo han insistido los padres, la risa empieza mucho antes de lo que la mayoría de los psicólogos piensan.
"Pienso que los padres son los que mejor saben si su hijo se está sonriendo o si sólo se trata de un acto reflejo", comenta el experto.
"Las sonrisas se manifiestan desde el primer o segundo mes de nacidos", señala Addyman. "La risa aparece poco después".
Este doctor considera que las cosas de las que se ríen los bebés parecen tener que ver con lo que entienden del mundo.
"Así que para los muy pequeños, son sólo sensaciones físicas", agrega Addyman. "Obviamente las cosquillas son un punto de partida".
"Poner a los bebés de cabeza parece ser una buena forma de hacerlos reír", continúa. "Y en la medida que crecen, aumenta el nivel de sofisticación (del sentido del humor)".
Así, lo siguiente es la sorpresa, que empieza a ser una parte clave de la risa. "Solo cuando tienen de 8 a 12 meses es que entienden lo suficiente del mundo como para detectar cuándo las cosas no son lo que parece".
Ejemplo de ello es cuando la mamá cambia la voz a tonos más infantiles, o el papá se pone un sombrero ridículo. "Estas acciones solo se hacen graciosas cuando el bebé está lo suficientemente seguro de los cimientos de su mundo".
"Es muy difícil hacer que los niños rían en el laboratorio, debido a que cada bebé es distinto y la risa es parte de su relación con el mundo".

30 jul. 2014

Gelotofobia: miedo a la risa

Con frecuencia, estar con un grupo de amigos y echarse unas risas es una grata experiencia. Pero para quienes sufren de gelotofobia es todo menos eso. Sus víctimas le temen a la risa.
"Escucho reír y asumo que se están burlando de mí. Me pongo tenso y me preparo para la pelea. Puedo sentir la adrenalina", le explica Drummond (todos los nombres de esta historia se han cambiado) a los investigadores que estudian su caso.
"Casi nunca hablo o hago algo que me haga reír", continúa este joven estadounidense de 18 años. "Veo cómo otros se divierten y algunas veces quiero cambiar y ser como ellos. Pero no quiero acercarme y que se burlen de mí porque soy diferente".
Esta descripción fue grabada por la doctora Tracey Platt, de la universidad de Zurich en Suiza, quien forma parte de un grupo de científicos de todo el mundo -incluyendo África, Canadá, India y Rusia- que intentan comprender las causas de este trastorno.
Según los expertos, puede que los gelotofóbicos no entiendan lo que es la risa o piensen que está dirigida a ellos de forma negativa y maliciosa, con lo cual sienten miedo cuando la escuchan.
Con frecuencia les es muy difícil estar rodeados de gente, y pueden sufrir de dolor de cabeza por estrés, mareos y episodios de temblor en situaciones sociales, agregan.
Chukar cuenta que evade las situaciones sociales con la lectura y practicando deportes solitarios.
"Cuando otros me usan como chiste para impresionar a sus amigos, entonces peleo", aclara.
"En la vida he tenido muchas peleas, pero tras lanzar el golpe, con frecuencia terminaba muy mal y el resto del grupo me evadía como una plaga".
Los individuos con esta fobia pueden tener también limitaciones laborales.
Trabajar en una oficina llena de gente puede ser un reto infranqueable si siempre hay alguien riéndose, porque se siente como un ataque personal.
A largo plazo, la fobia puede llevar a la ansiedad y a la baja autoestima. También está asociada con la depresión.
A los gelotofóbicos les puede costar mucho hacer amigos, encontrar amor y tener alguna forma de relación duradera.
"Estoy solo y afronto las cosas solo", confiesa Chukar.

Qué fue primero

La gran mayoría de las personas con gelotofobia dicen haber sufrido acoso escolar.
La investigación sobre las personas con gelotofobia empezó en 2008. Las razones exactas de este trastorno siguen siendo un misterio, lo que significa que el tratamiento es relativamente limitado.
La doctora Platt explica que las causas pueden estar en el ambiente del niño, en cómo se desarrolló su personalidad, la vida escolar, la social y su propio sentido del humor. Y agrega que muchos gelotofóbicos fueron víctimas de acoso escolar.
"La cuestión es qué fue primero. ¿Tiene alguien una disposición que lo hace sensible y hay una incompatibilidad que hace que en primer lugar se sienta acosado? ", se pregunta Platt, quien agrega que también podría ser una respuesta directa al acoso.
Esta experta no cree que la fobia se desarrolle repentinamente en la adultez y sospecha que puede haber una relación con el síndrome de Asperger.
Platt intenta entender qué expresiones faciales se vinculan con la sensación de miedo a la risa.
Tras rellenar cuestionarios en línea, sus voluntarios fueron a su laboratorio en Zurich, donde utiliza avatares para mostrar una variedad de expresiones faciales.
El objetivo es saber el momento exacto en que la sonrisa se convierte en algo terrible.

¿Tratamiento?

"Puede ser que los gelotofóbicos se puedan reprogramar", señala Platt. Pero no están en el punto en que puedan probar tratamientos debido a que se trata de un campo muy nuevo.
Platt explica que lo que quiere es que el trastorno sea fácil de identificar por los terapistas, quienes son los que en el futuro pueden diseñar un tratamiento para el paciente.
La experta agrega que Reino Unido es el país con más prevalencia de gelotofobia, con cerca del 13% de la población, posiblemente por su extendida tendencia humorística.
También es el país con más gelotofobia extrema del mundo. El 1% de la población británica tiene un miedo patológico a la risa.
En algunas culturas asiáticas también hay tasas altas de esta fobia debido a que, según la investigadora, la vergüenza se puede usar como una forma de control.
"Mientras que Dinamarca es la sociedad con el índice más bajo de gelotofobia", cuenta Platt, debido quizás a que las personas no suelen reírse de los demás. "Se ve como algo muy malo el reírse del infortunio de otros".
Menos del 2% de los daneses tienen este trastorno.

El papel de la risa

La profesora Sophie Scott, de la University College London, investiga la neurociencia de las voces, el habla y la risa.
"No creo que se pueda minimizar la importancia de la risa", comenta.
Scott señala que la risa tiene un papel clave en cómo la gente maneja las emociones negativas para que se sienta calmada y alegre, algo que no sería posible en los gelotofóbicos.
"Puedes imaginar lo desagradable que sería si no puedes sumarte a una risa o reaccionar bien a ella".
La especialista agrega que la risa para un gelotofóbico podría ser un indicador de los problemas sociales o rasgos de personalidad.
Scott trabaja para determinar qué ocurre en el cerebro de los niños con trastornos que puedan terminar en gelotofobia y entender sus bases neurológicas.

Información extraída de la BBC

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